Cada año, la industria musical predice su próxima transformación.
Nuevas plataformas. Nuevos formatos. Nuevas estrategias. Nuevas reglas. Y no hay duda de que muchas cosas están a punto de cambiar en 2026.
Sin embargo, lo que sigo cuestionando es la suposición de que porque tantas cosas están cambiando en la industria musical, de alguna manera los fundamentos dejan de aplicarse.
Desde mi punto de vista como comercializador de música, también siento que es al revés.
A medida que la industria sigue evolucionando y creciendo en escala, lo básico no pasa a un segundo plano. Al contrario, se vuelve más difícil de ignorar.
La música sigue haciendo el trabajo duro
Lo que no cambia en la industria musical es el papel que la propia música desempeña.
El gusto musical, obviamente, es subjetivo. Lo que conmueve a una persona puede dejar totalmente frío a otra. Pero aún hay una verdad central que es difícil de eludir: la música tiene que superar cierto umbral para conectar realmente. El comportamiento de escucha durante la última década no ha cambiado tanto como nos gusta contar. Solo un pequeño porcentaje de lanzamientos llega a tener reproducciones repetidas. El consumo global de música sigue creciendo año tras año, pero el valor todavía se concentra en la música a la que la gente vuelve, no en la que pasan de largo y olvidan.
El marketing, el contenido y las tendencias pueden amplificar canciones. Pueden ayudar a que algo viaje más rápido o más lejos. Pero no pueden fabricar una conexión emocional. Se puede diseñar la atención, pero no el sentimiento. Como dice Dave en My 27th Birthday: “Mientras contamos números, ¿cómo te hace sentir la música?”
La relación artista–oyente sigue siendo el núcleo
¿Sabes qué más no va a cambiar en 2026? La relación entre los artistas y sus fans.
Por toda la complejidad que hemos añadido a esta industria, esta parte sigue siendo sorprendentemente simple.
Las carreras se construyen cuando un artista crea música que importa a los fans.
Todo lo demás —plataformas, herramientas, equipos, estrategias— existe para apoyar la relación entre artistas y oyentes, no para reemplazarla. Siempre que perdemos de vista este núcleo fundamental, todo tiende a volverse ruidoso, costoso y demasiado complejo muy rápido.
Para más información, lee Understanding the Fan Journey